cada minuto de silencio, cada minuto de placer,
cada minuto de olvido, cada minuto de dolor.
Siento el frío resplandor de tu mirada...
el olvido del silencio traicionado,
la tristeza de la soledad olvidada en el profundo mar del desamor.
Silencio entre tumbas de oscuridad,
silencio entre llantos de humo,
sabor amargo de la eterna soledad.
Dile al cielo que me ayude en esta perpetuidad,
que me aleje del peligro y la sinceridad.
Para sobrevivir, no hay que decir la verdad;
basta con que pidas libertad, olvido y soledad.
Pero ¿qué importa ya
si la sinceridad que yo te di el viento se la llevó...?
Tu mirada, tu sonrisa...
Vuela, mi eterno corazón, vuela en un suspiro que no acabe jamás,
y llévate mi corazón... por favor.
Guárdalo y úsalo cuando tus alas ya no puedan volar más,
cuando sientas que todo se ha acabado ya.
Entonces ábrelo y consume el poco amor que queda,
ciega poco a poco y sin dolor la poca vida que le dejaste a mi dolor.
No te preocupes más por mí...
yo guardé cada mirada, cada ilusión en un pequeño cajón,
y cada vez que sienta que la ilusión se va,
los sacaré... los miraré y los sentiré, con cuidado de no romperlos.
Pero ¿por qué hablo de tiii?
Una vez más me traiciono y lloro,
una vez más pido perdón.
Perdón por no olvidar,
perdón por amar,
perdón por sentir,
perdón por ser tan débil.
Dibujaré en mi cama, con cada gota de sangre,
el color de tu cabello,
el silencio de tu adiós
y la mentira de tu amor...



