miércoles, 23 de diciembre de 2015

La historia de la Luna y el Sol

 Esta la historia de un amor irreal, un amor imperfecto, la historia de la luna y el sol, el sol era tan

egocéntrico que se creía el centro del universo y bueno no estaba alejado de la realidad porque de

uno de los muchos universos había uno pequeño para el cual él era la base de su vida, la luna en

cambio veía las cosas de una manera diferente, ella siempre estaba rodeada de estrellas y

meteoritos , un día de casualidad la luna y el sol se encontraron, ese día la luna quedo enamorada

del sol, pues este tenía una sonrisa hermosa la cual brillaba e iluminaba al pequeño universo del

cual este era el centro. Así transcurrían los días y las noches entre el sol y la luna, ella se quedaba a

esperar al sol en el día, y regresaba a casa por la noche, en casa ella hacia su trabajo y ayudaba a

los demás a salir de la oscuridad, mientras el sol seguía tan ocupado que no se percataba que la

luna algunos días estaba incompleta- podía ser solo cuarto menguante, media luna entre otras

formas que esta adoptaba – pero no todo era así en el amor de la luna y el sol, pues había días en

los que se formaba un hermoso eclipse en el cual la luna y el sol podían por fin estar juntos,

pasaban los años, los siglos las décadas y la luna se preguntaba si la noche era lo que los separaba

o quizás era el sol, que se cubría en su inmensa capa de soledad y quemaba todo aquello que lo

hacía sentir amenazado, la luna un día se dio cuenta que el sol nunca podría salir de noche y

acompañarla como ella siempre hacía y tuvo miedo, no del sol sino de esos sentimientos y huyo,

se escondió por días y semanas, no volvió a salir en el día con la esperanza que el sol se

preguntase porque la luna no venía pero el sol orgulloso y egoísta nunca lo hizo, siguió atrapado

en su pequeño universo mientras que la luna seguía pidiéndole cada noche a cada estrella fugaz

que aquel sol nunca se llegue a congelar.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Todas tenemos un Mr. Big

Viendo mi programa favorito —ese donde cuatro mujeres viven en una ciudad llena de hombres guapos a los que meten a su cama sin remordimientos— me puse a pensar, especialmente en una de ellas. Ella era escritora. Y para su mala suerte, tuvo que enamorarse del tipo más idiota de toda la ciudad.
Viéndola, no puedo evitar pensar en mi historia.
Y es que, a estas alturas, creo que todas tenemos un Mr. Big en nuestras vidas. Ese tipo solitario, egocéntrico, engreído y mimado. El que aparece solo para alborotarnos la existencia. Para hacernos felices, sí, pero aún más infelices.
Porque puede ser el hijo perfecto, el tipo más tranquilo del mundo… pero está tan concentrado en sí mismo, tan ensimismado en su propio universo, que para él el pronombre “nosotros” no existe. Solo hay un “yo”.
Y lo peor es que muchas veces nos damos cuenta demasiado tarde…
Demasiado tarde para entender que, para ellos, solo fuimos eso:
un momento, un paréntesis… un instante.
Nada más.