domingo, 14 de agosto de 2011

silencios rotos... corazones escondidos

Mírame…
¿Ves cómo mis ojos reflejan la tristeza de mi alma?
Mírame…
¿Ves cómo río y salto,
disimulando este dolor,
esta soledad que dejó tu alma en la mía?
Mira cómo lloro.
Mira cómo grito.
El dolor me consume.
No es físico…
pero me mata
lentamente.
¿Recuerdas cuando nuestro amor era suficiente?
¿Recuerdas aquellas palabras sin final?
¿Las promesas que jamás cumpliremos?
¡Ven!
Y dime que lo recuerdas.
Ven y dime que no me amas,
que nunca lo hiciste,
y nunca lo harás.
Déjame morir
en el dolor de tu rechazo,
porque duele menos que tu ausencia.
Te regalo mis alas rotas
y mi corazón partido en dos.
Guárdalos.
Guárdalos donde jamás pueda encontrarlos…
¿Para qué?
Para no volver a amar.
Para que nadie más pueda herirme.
¡Maldito sea!
¡Maldito lugar!
¡Maldito amor!
¡Y maldito el estúpido cupido!
¿Dónde se metió?
¿Por qué mierda se largó?
Yo solo quería un poco de ilusión,
un poco de amor.
Bah…
webadas que salen del corazón.
De ese corazón que se vistió de negro.
De ese corazón que un día soñó
con darte todo…
¡Pero qué tonterías digo!
Si de corazón es justamente lo que falta.
¿No recuerdas?
Lo escondí.
Sí…
Lo escondí bien lejos de ti.
Y bien lejos de mí.
Shh… cállate.
Escucha.
Escucha el silencio del frío,
los gritos de la brisa,
el latido mentiroso de tu corazón.
¡Que calles, te digo!
¡LÁRGATE!
Desaparece ya.
No te despidas.
No voltees.
Solo vete…
y llévate todo lo que alguna vez
quisiste dejar.

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