domingo, 14 de agosto de 2011

necropcia al corazon ...

“Palabras que duelen”
Voy sintiendo en mi alma
un soplido suave… cálido.
Y voy sintiendo también
cómo en mi corazón
muere lentamente la ilusión.
Palabras.
Palabras.
¡Palabras de mierda!
Que solo te joden.
“Te amo”, dijiste.
“Te quiero”… ¿perdón?
¿Cuentos de hadas?
¿Risas olvidadas?
¿Promesas vacías?
¡Palabras! ¡Palabras! ¡Palabras!
Mira dónde estás…
En tu hueco de cristal,
un maldito agujero que no te deja vivir.
Sonríes por inercia.
Caminas como un zombi.
A la mierda con el final feliz.
¿Quieres ser mejor?
¿Cambiar?
¿Volver a vivir?
Por más que lo intentes…
no lo lograrás.
Solo lo vas a empeorar.
Mataremos lentamente a esa niña interior
y quedará solo ella:
la que aprendió a canalizar el dolor
jugando con los demás,
como un día jugaron con ella.
¿Para qué confiar?
¿Para qué pedir ayuda
si sabes que nadie va a ayudarte?
Estoy perdida…
en una puta silla
sentada
sin saber qué hacer.
Mi mente pregunta:
—¿Recuerdas tu castillo de cristal?
¿Recuerdas aquellos días en que sabías reír de verdad?
¿Recuerdas qué era el amor?
¿Las sonrisas reales?
¿Recuerdas cómo todo se fue al carajo?
Los gritos.
Los golpes.
Las lágrimas escondidas.
Las oraciones que nadie escuchó.
Tu armadura de hierro.
Tu careta bien pintada.
La niña que nunca lloraba.
La que reía de cualquier huevada.
¿Recuerdas cómo te perdiste?
¿Todo lo que hiciste?
¿Todo lo que te metiste para poder olvidar?
Mira tus muñecas.
Mira las pastillas.
No,
no es tan fácil olvidar.
No es tan fácil volver a confiar.
No es tan fácil dejar de llorar
cuando sientes que llegaste
al punto final.
¿Cómo volver a empezar?
¿Cómo volver a reír,
a soñar,
a cantar?
¿Cómo sanar las heridas
de un corazón roto
en mil pedazos?
¿Cómo dejar atrás tanto dolor
si lo llevas tatuado en cada rincón?
Soledad…
mi eterna compañera.
No me vuelvas a perder.
Déjame dormir.
Déjame soñar.
No quiero llorar.
Y juro…
que esa niña
no volverá a existir jamás.

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