No me grites.
Te respeto menos cuando lo haces, y además me enseñas a gritar a mí también… y no me gusta hacerlo.
No des siempre órdenes.
Si en vez de ordenar me pidieras las cosas, yo las haría con buen ánimo y con más ganas.
Cumple lo que dices, ya sea algo malo o algo bueno, así me enseñarás a cumplir con lo que yo digo.
No me compares...
Menos con mis hermanos, porque si me haces ver mejor que ellos, ellos van a sufrir…
y si me haces ver peor, seré yo quien sufra.
Déjame valerme por mí misma.
Si tú decides y haces todo por mí, jamás podré hacer las cosas sola y bien.
No digas mentiras, y no hagas que yo las diga por ti.
Harás que pierda la fe y la confianza en ti.
Cuando me equivoque, no me grites ni me exijas una explicación.
Solo compréndeme, porque a veces ni yo misma sé por qué lo hice...
Cuando tú te equivoques... admítelo.
Así me enseñarás a admitir mis errores también.
No me digas que haga una cosa que tú… ¡SI TÚ NO LA HACES!
Yo aprenderé y haré lo que tú hagas, no exijas algo que ni tú mismo puedes cumplir.
¡Quiéreme!
Y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas que sea necesario...

No hay comentarios:
Publicar un comentario