jueves, 23 de octubre de 2025

 Tú eres aquella estrella brillante en el horizonte… una constelación tan compleja, tan lejana, tan inalcanzable. Se puede soñar con llegar hasta ti, aunque siempre exista el miedo de despertar, de caer.

Llenaste mis días de locura con tu calma,
me diste paz en medio del caos,
refugio en tus abrazos.
Aún hoy, el lugar más seguro que conozco 
es un abrazo tuyo.

No sé si yo soy lo mismo para ti,
pero me gusta pensar que sí,
que te sientes feliz de bailar en mi locura,
bajo mi tormenta.

Tu seriedad, mezclada con ese humor negro
que con el tiempo aprendí a entender y a amar.
Las conversaciones, los chismes que solíamos contar,
los abrazos al dormir, al despertar,
las comidas que solías preparar…
cada gota de sabor que no se puede olvidar.

El tiempo pasó, las responsabilidades cambiaron,
al igual que las prioridades.

Pero nosotros seguimos aquí.
Somos tú y yo contra el mundo.
Los hijos crecen y un día se van,
y al final del cuento solo quedamos los dos.

No sé tú, pero yo quiero cumplir con el “hasta viejitos”:
salir a fiestear de viejitos,
irnos de viaje juntitos,
ver tele todo el día y comer chatarra al jubilarnos.

Quiero que me veas.
Estoy aquí, para ti, para nosotros.
No estás solo contra el mundo,
es el mundo contra los dos.

Y quiero estar presente en tu vida de una forma real.

Me refiero a que quiero comprender tu corazón,
quiero ayudarte a cargar, quiero alegrar tu tristeza.
Si te falta luz, yo te ilumino;
si te falta risa, te presto la mía…
o te cuento un chiste, ¡ya que!
Porque si jalamos los dos para el mismo lado, será más fuerte.

Quiero que sepas que aquí estoy, con todo lo que soy y todo lo que puedo dar.
Que no estoy para señalar, sino para sostener.
Que mi amor no depende de momentos perfectos,
sino de estar contigo, incluso en la rutina, en los días difíciles, en las risas pequeñas.

Porque juntos somos más fuertes,
y no importa lo que venga,
quiero que sigamos construyendo este “nosotros”,
con luz, con torbellinos, con abrazos, con risas, con amor…
porque al final, lo que importa es que estamos tú y yo,
y aquí me quedo, para ti, para nosotros. ❤️

…te unes o qué?

Torbellino

 Yo llegué cuando todo era silencio.

Cuando él no tenía rumbo, ni fuego.
Entré con mi risa y mi caos bonito, con mis ganas de empujar la vida hacia adelante.
Le di dirección, calma, abrigo.
Le enseñé a mirar distinto, a creer que había algo más allá de su sombra.
Fui viento, impulso, refugio.
Fui demasiada vida para alguien que todavía no sabía qué hacer con la suya.

Di vida y detuve la mía. Esperando algo que quizás nunca llegó realmente.

Y no, no fue un error. Fue amor.
Amor de esos que no calculan, que dan, que construyen, que salvan.
Solo que ahora me toca a mí salvarme, volver a respirar sin culpa, recordar que también merezco ser sostenida.

Soy torbellino pero también puedo volver a ser brisa.

He llorado mil veces sin que nadie me escuche, con el alma apretada entre los dientes, prometiéndome que mañana dolerá menos.

He tocado fondo con elegancia,
he sonreído mientras me deshacía por dentro,
he sido fuerte cuando solo quería que alguien dijera:
ya, descansa un rato, yo te cuido hoy.

Pero no me vencí.
Nunca.
Ni cuando el miedo me temblaba en los huesos,
ni cuando la tristeza me cerraba el pecho.

Caer, sí…
pero siempre me levanto.
Porque hay algo en mí , una chispa terca, un fuego antiguo, 
que se niega a morir.

Y aunque el mundo no aplauda,
aunque nadie entienda mi batalla silenciosa,
yo sé quién soy:
soy la que sigue.
La que vuelve.
La que renace, una y otra vez,
sin pedir permiso.



La muerte

Ver la muerte tantas veces, tan de cerca, es doloroso.
La muerte no me lleva a mí… se lleva a quienes más quiero.
Sé que son cosas que deben pasar, que no podemos evitar que sucedan… pero, aun así, el corazón se arruga un poco más cada vez.
Siento otra vez esa angustia, ese dolor en el pecho que aprieta, ese dolor insoportable en la espalda baja, como si mi cuerpo fuera a partirse en dos.
Siento desesperanza. Siento desesperación.
Siento que no puedo hacer nada.
Todo parece pasar en cámara lenta. Quiero hablar con alguien. Quiero estar allá. Quiero saber qué pasó.
Pero no puedo.
Me siento atada de manos.
No sé qué hacer.
Y duele… duele mucho sentir que quizás pude haber hecho más.
Que tal vez no fue suficiente.
Y entonces llegan los recuerdos. Los pasados. Los viejos.
Vuelven otros momentos iguales, con otras personas que también amé y que también se fueron.
Es como si el alma los llamara a todos, uno por uno, en esta nueva despedida.
Es difícil…
Difícil decir adiós a alguien a quien amas.
Solo espero —con todo lo que tengo— que al menos para ella sea apacible. Que si debe irse, lo haga en calma.
Sin miedo. Sin dolor.
Arropada por el amor que le dimos siempre. 

lunes, 16 de junio de 2025

A mis ausencias

La vida es tan confusa a veces…
Estamos felices un día, creyendo que todo tiene rumbo, que todo encaja.
Y al siguiente, algo se rompe.
Un golpe, un giro, una noticia que nos deja sin aire.
Y así, de pronto, la vida nos recuerda lo pequeños y frágiles que somos.
Como si nos dijera: “No te olvides que todo esto es tan real como fugaz”.
Entonces una se queda ahí... tratando de entender, de sostener, de no caerse.
Los recuerdos nos invaden, nos envuelven en mantos de tristeza y nostalgia.
Nos hacen sonreír, sí, pero también llorar…
Llorar por aquello que fue, por aquellos que fueron.
Y de nada sirve luchar contra eso.
De nada sirve creerse superior, porque al final todos terminamos igual.
Las enfermedades y la muerte no distinguen clase social, no tienen piedad:
ellas arrebatan sin mirar.
Así me arrebataron a mis dos ángeles: mi hermana y mi papá.
Los vi luchar hasta el final.
Solo podía llorar.
No podía hacer nada por remediarlo.
Qué impotencia… qué injusticia… qué dolor.
Y ahora, una vez más, la vida pone otra prueba.
La abuelita de mi infancia se me va…
La veo en esa cama, sin poderse mover.
La veo perdida, confundida, agotada.
Y yo ya no sé qué esperar…
Es que el tiempo, la vida y Dios —a veces— se sienten tan injustos.
O quizás ese sea mi sentir por tanto pesar.
Solo me queda llorar en silencio.

Una vida después de la vida

Han pasado 8 años casi desde la última vez que escribí , la vida dió mil vueltas me subió me bajo y todo  paso en un cerrar de ojos ... pero sigo aquí sobreviviendo al tiempo y al olvido 

Se fueron dos personas que amé inmensamente con el alma y el corazón, su esencia desapareció del aire de mi habitación pero su recuerdo sigue intacto en mi corazón ... llego también un buen amor que trajo un amor mas grande uno que nunca imagine, que con solo verlo me hace sonreír , que nunca pasará ... el destino me quito pero también me dio me devolvió con creces el amor y el dolor que un día paso ... pero la verdad aún tengo miedo, ¿de que? de tantas cosas que no se pueden explicar, pero hoy, hoy ya no hay tiempo para llorar hay que seguir, hay que avanzar no por mi sino por alguien más, alguien que me dice mamá ...

Hay días difíciles donde se siente el corazón pesado donde duele respirar no lo voy a negar pero lo que duele ya no es el desamor es la ausencia ... la ausencia de mi Patata , de mi gordito; a veces en sueños los vuelvo a abrazar… pero al despertar, el silencio me los arrebata otra vez.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Final sin cuento de hadas

¿Será que el amor realmente existe?, me hago la misma pregunta por enésima vez y sigo llegando a la misma conclusión,NO. Siempre intento llegar a una conclusión distinta pero simplemente no puedo, ¿cuántas relaciones "formales" debemos tener para encontrar a esa persona " especial" que hará que nuestro mundo sea mejor y sea de colores? ¿Acaso nuestro mundo es a blanco y negro solo por no tener a alguien a lado? en que momento de nuestras vidas se nos condicionó a tener que casarnos y tener una familia feliz, llena de hijos y nietos  y trabajar para ellos y vivir  un estúpido cuento de hadas inexistente. ¿Será acaso que esas relaciones "formales" son solo una excusa para no sentirnos  solos o tener sexo frecuente sin sentirnos promiscuos? ¿ Es el sexo la clave de todo?, ¿una pareja podrá ser estable sin tener sexo?, una vez una de mis amigas dijo "si no hay buen sexo no es una relación que sirve", creo que su frase tiene toda la razón, puesto que me paso algo asi,  hace poco termine una relación de casi 4 años, al principio todo estaba bien, era perfecto, su amor mas mi amor,  la pasión, el deseo, pero un año y medio antes de terminar las cosas empezaron a cambiar, ¿será que la chispa se había apagado? ¿la rutina? bien no creo que haya sido la rutina, puesto que casi nunca nos veíamos,  mi constante martirio trabajaba lejos y vivía para trabajar, lo que indica que paraba casi un 98% de su vida trabajando o pensando en su trabajo, y el otro 2% lo dedicaba a dormir, todo comenzó cuando empezó a irse constantemente y cuando regresaba lo hacía cada vez más distante, llegamos al punto en el que simplemente me evitaba, no sabía si era por mi culpa o como muchos me decían , había alguien más, y bien ahora se que había alguien más, al principio me chocó, claro que sí, sentía que yo tenía algo malo, que quizás no era lo suficientemente bonita para llamar su atención, y bien, ¡rayos! sentía que si lo dejaba mi mundo se vendría abajo, estaba tan enamorada o acostumbrada a el, pensaba que lo nuestro era especial, que era único y que pasaríamos juntos el resto de nuestras vidas (lastima que el no quería lo mismo) , con el tiempo fui entendiendo que no era mi culpa, me fui dando cuenta que habían otras personas allá afuera, que simplemente estaban ahí, esperando, nose si solo porque querían tener sexo o que, pero que diablos, estaban ahí,  y ¿yo, lloraba por un imbécil? no valía la pena,  ahora lo entiendo, aunque a decir verdad me costó bastante, pero ya pasó el tiempo,  y creo firmemente que separarme de mi martirio fue la mejor decisión que pude tomar, un amor tan dañino no podía ser bueno, y ahora me vuelvo a preguntar a qué juego estamos jugando, solo se que no somos nada y empiezo a creer que nunca lo seremos, ¿que es? ¿será que se puede volver a confiar? no lo se, aunque realmente creo que no...

lunes, 16 de octubre de 2017

Cerrando un capítulo

Esta noche me puse a pensar en todo lo que sucedió.
Lentamente, los recuerdos fueron regresando: las palabras, las promesas, los momentos que ahora parecen vacíos.
¿Será que todo, inevitablemente, se acaba?
¿Será que este... es realmente el final?
No te miento. A veces me niego a aceptarlo.
Pero, ¿para qué seguir aferrándome a algo que ya no tiene más sentido que el que yo le quiero dar?
Es hora de cerrar este capítulo.
Una historia que, en su momento, fue feliz.
Una historia llena de ilusión y momentos hermosos... pero solo eso: una historia.
Una historia que me hizo soñar y creer, que me elevó tan alto y me hizo caer tantas veces, que al final el golpe ya ni dolía.
Esta noche te diré "amor mío" por última vez... y te dejaré ir.
Aunque te fuiste hace mucho, esta vez seré yo quien te suelte.
Veré por última vez nuestra última fotografía y la borraré, como borré todas las anteriores.
Como voy borrando tu risa, tus ojos, tus abrazos... y sobre todo, mi amor por ti.
Te agradezco el tiempo compartido, aunque —si soy sincera— desearía no haberte conocido.
Quizá así me habría ahorrado años de ilusiones perdidas.
Siempre supe que tu amor no era para mí.
Tu corazón seguía atado a otra persona, pero aun así quise intentarlo.
Quise reconstruirte, incluso a costa de mí misma.
Y cuando volviste a sentirte fuerte, cuando ya podías caminar sin miedo... te fuiste.
Me dejaste.
Así como ella te dejó a ti.
Dime, ¿quién me cura ahora a mí?
Estoy tan cansada.
Cansada de esperar una señal.
Esperaba cada tarde que vinieras a buscarme.
Esperaba un mensaje, una llamada.
Esperé tanto… que me rendí.
Ya no puedo seguir esperando a alguien que no quiere llegar.
A alguien que abordó otro vuelo sin mirar atrás.
Por eso, amor mío, esta noche yo te olvido.
Te digo adiós, y esta vez, para siempre.
Te deseo suerte.
Te deseo que seas feliz.
Aunque, siendo completamente sincera...
...también deseo que sufras.
Que sufras como yo sufrí por ti.