sábado, 12 de diciembre de 2015

Todas tenemos un Mr. Big

Viendo mi programa favorito —ese donde cuatro mujeres viven en una ciudad llena de hombres guapos a los que meten a su cama sin remordimientos— me puse a pensar, especialmente en una de ellas. Ella era escritora. Y para su mala suerte, tuvo que enamorarse del tipo más idiota de toda la ciudad.
Viéndola, no puedo evitar pensar en mi historia.
Y es que, a estas alturas, creo que todas tenemos un Mr. Big en nuestras vidas. Ese tipo solitario, egocéntrico, engreído y mimado. El que aparece solo para alborotarnos la existencia. Para hacernos felices, sí, pero aún más infelices.
Porque puede ser el hijo perfecto, el tipo más tranquilo del mundo… pero está tan concentrado en sí mismo, tan ensimismado en su propio universo, que para él el pronombre “nosotros” no existe. Solo hay un “yo”.
Y lo peor es que muchas veces nos damos cuenta demasiado tarde…
Demasiado tarde para entender que, para ellos, solo fuimos eso:
un momento, un paréntesis… un instante.
Nada más.